viernes, 8 de mayo de 2009

No me destruyan el idioma

Estoy cansado de los ultrajantes y vejatorios tratos que recibe nuestro idioma de parte de periodistas de matinales, oscuros personajes faranduleros, ministros de todo tipo, rectores de universidades (prestigiosas o no) y pseudo-intelectuales de ocasión.

No aguanto más ni el seguro ni el parque "automotriz". Sépanlo de una vez por todas: automotriz es una adjetivo FEMENINO, mientras que tanto seguro como parque son sustantivos masculinos. En nuestra bella lengua castellana se acostumbra mantener la concordancia de género entre el adjetivo y el sustantivo a quien califica. Uno podría soportar, por lo tanto, algo así como un "seguro automotor"; sin embargo esto también sería incorrecto pues el seguro no se mueve por sí mismo (que es lo que significa automotor) sino que es relativo a los automóviles, o sea, automovilístico. Hablemos, pues, del "seguro automovilístico".

Me duelen los oídos cuando escucho ese engendro lingüístico con aspiraciones de neologismo que es la "palabra" señalética. En la gran mayoría de los casos, si no es que en todos, lo que se quiere decir mediante tal atentado al vernáculo es simplemente "señal". Sí, justamente como en "señales de tránsito". Es posible que por "señalética" alquien quiera referirse al tratado de las señales o su estudio. Para esto ya existen palabras apropiadas: semiótica y semiología.

He notado que desde los años '90 los chilenos nos hemos vuelto completamente leístas. Hasta encuentramos elegante un "le saluda atentemente" en vez del correctísimo "lo saluda atentemente" . Si bien la Real Academia tolera (a regañadientes, espero) el uso de "le" como sustituto de un complemento directo cuando se refiere a personas, esto nunca puede ocurrir con "les". Está muy mal decir "les saludo". Se debe decir "los saludo". Lamentablemente la versión 1960 de la Biblia de Reina y Valera es extremadamente leísta y ha contaminado el hablar del pueblo evangélico.

No puedo dejar de mencionar la nueva moda adoptada por todo tipo de autoridades y sus imitadores que encuentran de lo más elegante comenzar sus discursos con un infnitivo. "Saludar a todos los presente y manifestar mi agrado .....", por ejemplo. Debemos aclarar que un infinitivo es un sustantivo verbal y como tal nombra una acción pero no describe su realización. Al decir "saludar a todos los presentes" el orador nombra la acción de saludar, pero sin realizarla. De muy mal gusto, ciertamente.


Para terminar, no puedo dejar de transmitir un consejo: no caigan en la trampa de la falsa etimología. Circula, entre ciertos pseudo-intelectuales de la educación, la idea de desalentar que alos estudiantes se les llame alumnos pues tal palabra vendría del prefijo "a" interpretado como negación y de la palabra latina "lumen" (luz). Así los alumnos serían aquellos que no tienen luz y, por lo tanto, sería un trato despectivo. Déjenme hacer sólo un comentario: esto es falso de falsedad absoluta. No pueden mezclar un prefijo griego (a) y una raíz latina (lumen). Alumno proviene del verbo latino alere que significa alimentar. Quizá la asociación sea metafórica. De la misma manera que el buen alimento permite el crecimiento físico, el conocimiento que el estudiante adquiere (o construye) lo hace crecer como persona.


Tenemos el privilegio de usar un idioma muy bello. Rico en expresiones y vocabulario. Cuidémoslo y tratémoslo con respeto.

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