domingo, 26 de abril de 2009

Reviltalizar el Cristianismo

Es bien sabido que todos los movimientos religiosos acaban apartándose de su inspiración original. Algunos se institucionalizan y se transforman en estructuras de poder. Otros se tornan en movimientos puramente místicos. Casi todos se conforman con sus propias definiciones doctrinales y dejan de beber de sus fuentes, perdiendo así su vitalidad. Los reformadores del siglo XVI sabían esto muy bien y por eso hablaban de "Ecclesia Semper Reformanda", es decir, de una iglesia en constante reforma.

Cuando uno lee la Biblia con detenimiento, dejando que sea ella la que moldee nuestro pensamiento en vez que nuestros prejuicios modulen la lectura, encontramos un hecho que para algunos puede resultar sorprendente: el cristianismo que importa se vive mucho más en la calle que en la iglesia. Dios espera que sus seguidores los instrumentos que hagan Su amo y Su justicia concretos y palpables entre los hombres en las actitudes cotidianas. Esto, en última instancia, quiere decir que, superando la indiferencia, debemos reconocer en el otro a alguien semejante a mí mismo a quien he sido enviado a bendecir con mi servicio ("Ama a tu prójimo como a ti mismo").

Felizmente en América Latina está surgiendo un movimiento formado por personas de muy diversos orígenes que quiere revitalizar el cristianismo en este sentido. Se trata de La Red del Camino . Su propuesta es simplemente unir a cristianos en una actitud de servicio, viendo al ser humano como un ser integral y devolverle su dignidad.

Creo que esa es la senda a seguir. He estado estudiando acerca de la preparación de la iglesia para la segunda venida de Cristo y he llegado a la firme convicción de que esta es menos doctrinal que de servicio. Si a alguien le interesa el tema, pueden consultar un artículo donde lo explico con mayor detalles.

domingo, 19 de abril de 2009

Los Dilemas de la Educación Universitaria

Cuando era estudiante de doctorado, circulaba el siguiente chiste: "¿Sabes cual es la diferencia entre un estudiante, un doctor y un jefe de grupo de investigación ? La diferencia es que el estudiante debe saberlo todo, el doctor debe conocer las referencias y el jefe de investigación sólo necesita saber donde están sus doctores". El chiste nos hacía reír a carcajadas, pero en lo secreto de mis emociones, me asustaba. La parte que me preocupaba era la primera: el estudiante debe saberlo todo, pero en un mundo esencialmente cambiante donde el conocimiento crece  exponencialmente ¿cómo puedes saberlo todo?. Claramente hay dos soluciones posibles: la especialización ( y entonces sabes todo de casi nada) o la adquisición de una formación que te permita aprender continuamente.


La primera ha sido la solución tradicional y por mucho tiempo dio resultados plenamente satisfactorios. Sin embargo, la sociedad ha cambiado debido tanto a las transformaciones de paradigmas en su filosofía subyacente como a los nuevos desafíos que enfrenta. Hoy, se argumenta, los problemas requieren soluciones integrales que sólo pueden provenir del trabajo en equipo y transdisciplinarios. En esas condiciones es claro que la especialización tradicional no encaja satisfactoriamente.


La segunda alternativa (a veces descrita como "aprender a aprender") ha ido ganando espacios y adeptos al punto de dominar el actual escenario universitario. Su adopción, sin embargo, ha resucitado el eterno conflicto entre el "qué enseñar" y el "cómo enseñar". La razón es clara pues en el "aprender a aprender" es fácil caer en la tentación de enfatizar los métodos antes que el contenido. Es así como, debido a la modificación curricular, algunas mallas se han tornado minimalistas al punto de correr el riesgo de sufrir desnutrición intelectual.


En mi opinión, para "aprender a aprender" hay que construir sólidas bases sobre la que se pueda cimentar el futuro conocimiento y la formación continua. Hay un cierto núcleo de conocimientos  que debe ser dominado a la perfección porque es el que permite la buena comprensión de nuestro mundo. Sin esa base no se puede progresar y mi miedo es que esa base esté siendo minada en nuestra cotidianeidad que descuida el saber y no premia suficientemente el esfuerzo, comprometiendo nuestra cultura y nuestro desarrollo.  


sábado, 18 de abril de 2009

El Valor del Descanso

Escribo casi durante la puesta de sol del sábado, el día de descanso (como su propio nombre lo indica pues sábado proviene del hebreo "shabat": él cesó o él descansó). Es curioso que Dios haya incluido entre sus mandamientos el mandato de descansar. Mientras todos corremos y nos esforzamos por conseguir nuestro sustento y algo más (como lo ordena la propia Biblia: "Con el sudor de tufrente comerás tu pan"), Dios nos pide que no nos olvidemos de nuestro descanso.

Cuando cesamos nuestros trabajos recuperamos nuestras fuerzas, pero también abrimos los espacios para los otros: para la familia, para el amigo, para quien está a nuestro lado; damos, finalmente, una oportunidad para las cosas realmente importantes de la vida. Cuando además reposamos en el día que Dios señaló, abrimos puertas de amistad hacia Él y ganamos en paz para alma.

A veces hay que renunciar para ganar. Pero sólo puede renunciar quien es libre. En un mundo en que somos llamados trabajar de tal forma que nos hacemos esclavos de nuestros sueños y proyectos, al descansar renunciamos por un momento a nuestros afanes y ganamos felicidad y de esta forma el sábado (el cesar) adquiere el valor y el significado de la libertad.